Triste y Abatida Como Tú
martes, 29 de mayo de 2012
Viaje a Alguna Parte II
La sensación de astío ha ido desapareciendo poco a poco, quizás saber que no hay marcha atrás, o mejor aún creérmelo, ha hecho que mi mente por fin acepte quien soy, no por nadie, sino por mí misma, y una pequeña luz ajena al mundo se presenta ante mí, mientras observo el caprichoso giro del café cuando la cuchara contacta con la superficie.
Calor, mis manos sienten el agradable sentimiento del calor, un poco de lo que nunca tuve, fuese humano o a la espera del Sol del verano, calor para que mi piel supiera la necesidad de él, un poco de aliento para acceder a lo que somos sin necesidad de una voz, un grito, un golpe, una orden... y encuentro por primera vez algo que me da en un instante lo que nadie puso ante mí, el olor y perfume de un aroma agradable y el calor que reconforta el cuerpo que busca acoplarse al nuevo estatus del alma que lo porta.
Es triste y gracioso a la vez, un simple alimento ofreciendo lo que el ser humano en su mezquindad niega muchas veces, y lo tomo con gusto, porque para mí es el primer sentimiento de mi nueva vida, y quiero retenerlos, pedir que violenten mis sentidos por una vez siendo yo la que lo solicita, en una estancia llena de rostros desconocidos, con la maravillosa locura del anonimato apoderándose de todo mi ser, ajena al mundo, metida en el mío.
La desvencijada maleta golpea cada esquina, cada puerta, cada silla... no sé manejarme en los espacios abiertos, y agradezco la fortuna de haber viajado en dos asientos por uno, buscando estirar mis miembros sin pedir perdón por ello, pero no me importa ir dando tumbos en busca de la nada, ahora sé que el tiempo es mío, que todo corre como yo deseo, y nadie va a decirme nunca más cómo, cuando, donde, de qué manera.
Una avenida se presenta ante mí, el autobús que me ha traído vuelve a buscar ese camino sin retorno, sin una de sus pasajeras, un saludo espontáneo del conductor y mi rostro refleja una sonrisa sincera al haber podido percibir ese acto amable que no me esperaba.
Gente, casas, vehículos, ruido, día y Sol, pero sigo embutida en la burbuja de cristal que me aisla de todo, sin atraer miradas y manos dispuestas a golpear mi cuerpo, a pesar de chocar contra otros que parecen, como yo, perdidos en la inmensidad del mundo.
Unas señas sin identidad, un nombre en un papel que sujeto con fuerza y me encamino hacia el comienzo de una nueva vida, buscando un rostro en un nombre, alguien que vio en la oscuridad el destello de una luz que podría merecer la pena.
De nuevo el olor penetrante llega hasta mis sentidos, un nuevo aroma lo inunda todo y unas escaleras esperan que mis pies adormecidos se atrevan a llegar, pero hoy no hay temor, el miedo quedó en el andén de la estación que me despidió en silencio, y comienzo a buscar, paso a paso, lo que me llevará a encontrarme.
lunes, 28 de mayo de 2012
Pedazos...
Una parte de mi alma está ocupada, no es una inquilina a la que haya invitado, sin embargo llegó y se quedó sin esperas, no hizo falta preguntar, quizás sabía que era su sitio en el mundo.
Una parte que no puedo usar sin angustias, un pedazo de mi propio yo que no sé mirar sin una lágrima, esa especie de orificio por el que se escapan los sueños, los deseos y los temores a poder llegar, esa habitante de mis miedos más profundos llamada soledad.
No lo quise pero llegó, no la llamé y sin embargo aparcó su maleta en la puerta, olvidó que debía ser invitada porque la cortesía no es su norma, fingió quedarse para una noche de malos sueños y lleva... en su lugar acomodada.
Mi alma no sabe evitarla, y en ocasiones debe compartir con ella momentos que no son queridos, instantes en los que un rostro amable debería besar tus labios, acariciar tu pelo o penetrar en tu cuerpo, pero sin embargo su figura se proyecta como una sombra que te cubre, te abraza, y en ese momento sabes que no hay nada que hacer, nadie estará a tu lado, ni susurrará en tus oídos palabras de afecto, ni querrá el último beso antes de partir, te mirarás al espejo y sentirás su aura junto a ti, sin más compañía que tu imagen, más allá de todo lo que deseas.
En algún lugar de los viejos recuerdos, cuando viajo sola a través de mis sueños, sé que me acompaña sin quererlo, sé que me arrulla sin buscarlo, sé que entona melodías que sólo yo conozco y ha buscado en mis entrañas, sé a pesar de todo que sólo la tengo a ella y mis ansias por no tenerla.
Viaje a Alguna Parte
La luz de la mañana ilumina el largo camino, esas líneas que parecen no tener fin y que según el capricho de la velocidad parecen ser tragadas por las ruedas del vehículo.
No he podido dormir, como de costumbre, y menos aún ahora que he decidido escapar para siempre. Mi privilegiado asiento en el primer lugar del autobús que espero sea el comienzo de mis sueños me ha permitido seguir la estela de la noche, el amanecer y ahora los primeros devanéos del Sol con la Tierra, agradeciendo su caricia en mi rostro, frío como la noche, la soledad y el alma herida que me sustenta.
No sé dónde aparcaré mis huesos, el principio para mí no existe, sólo quiero ser más allá del cuerpo dolorido por las vejaciones, los insultos y la nada, quiero nacer de nuevo, a pesar de las arrugas, las canas y esos pesados momentos que me hacen sentir que la niña murió hace demasiado tiempo, sin saber qué era la niñez, la adolescencia y una juventud donde reír sin motivo.
No, no existe un "comenzaré de nuevo", porque no deseo que todo se repita, seré un alma que ha buscado la senda alternativa a la carretera hundida por el lodo, y este asiento en la parte delantera de un vehículo que devora los kilómetros con rabia, pegada a la ventanilla por donde los rayos del Astro Rey penetran a su gusto, puede ser el primer paso de miles de ellos, conmigo, mi soledad, y quien se atreva a creer en mí a pesar de las heridas.
La sinuosa vía convierte mis ojos en cámaras de un film en blanco y negro, paseos infinitos por valles sin explorar, caminos de barro y hendiduras en el suelo, intentos por conocer y sentir lo que me rodeaba, y ahora, décadas después, la tenue luz de la mañana va dando color a la oscura noche donde la vela se ha convertido en la penúltima pesadilla de recuerdos no deseados, instantes de sonidos estridentes y voces que resonaban en mi memoria como el eco que te golpea tras un grito ahogado.
Puedo tumbarme en el asiento que me acompaña, vacío como mis sueños, puedo sentir los pies escapando del abrigo de la pequeña prenda que me sirve para ocultar la piel que se estremece, quizás sea el primer espacio que siento mío, comprado por un puñado de monedas que costaron sangre poder reunir, quizás porque puedo tocarlo y no ser llamada al orden por mis actos, quizás ¡por qué no! porque siento por vez primera en siglos la calma apoyada en algún lugar, y este es ese lugar.
Comienza la aventura de mi vida, o mejor aún, la vida en una aventura que espero no se me escape de entre las manos, los rostros de desconocidos paseando por las calles me hacen sentir bien, anónima entre nadie sin un nombre, una cara, un sello como el animal que se compra. El vehículo se detiene, una voz suave y amable indica el lugar, la hora, mide el tiempo con su pulso e invita a bajar a los que, como yo, hemos elegido el final del trayecto.
Una maleta destartalada, cuatro cosas que no son ni siquiera recuerdos, un pequeño bolso con mi vida dentro y el olor a café me indica que ya no soy, ahora debo ser.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Es
Es una sensación, una forma de sentirlo, una manera de acercarme a todo lo prohibido, esa angustia vital que me cubre y hace que te desee, a pesar de todo lo que somos, a pesar de las cadenas que nos separan, a pesar de esos seres que se empeñan en cruzarse entre nosotros.
Tengo tu imagen grabada a fuego, una nota de música clavada en mi cerebro repite tu nombre, la sombra de tu cuerpo sobre la pared que diviso desde mi cama hace de suave sábana que me acaricia cuando duermo, mi pensamiento revuelve los espacios para encontrarte.
Más allá de las horas del día, fuera del alcance de lo divino, sin margen a creer que soy un espectro en tus sueños, mi deseo se desliza hasta tu cuerpo tomándote como la serpiente al árbol en el cual se enrolla, pegada a ti como una segunda piel.
Nos encontraremos en el cruce de caminos que son nuestros deseos, desnudándonos con las palabras que sabemos decirnos, sin nadie para esconder las manos que acariciarán el cuerpo desnudo, deseoso, expectante.
domingo, 20 de mayo de 2012
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